Asturianos en Nepal y Tíbet

Cuaderno de viaje de nuestros reporteros

Asturianos en Nepal y Tíbet

- octubre de 2012Marco Rodríguez 

Un regalo. Así defino la oportunidad de haber conocido con relativa profundidad algunos de los más significativos parajes de dos países muy distintos, Nepal y Tíbet, con un nexo inigualable, la Cordillera del Himalaya. Todo comenzó con una llamada de la montañera asturiana, además de amiga, Rosa Fernández; “en dos meses pretendo irme a atravesar el Himalaya en bici. Empezaré en Lhasa y terminaré en Katmandú, con un grupo de 16 personas, ¿cómo lo ves?”, me dijo. ¿Cómo creen ustedes que lo vi?. “Me apunto”, le dije. Luego ya veríamos cómo. Y ese cómo fue el mejor envoltorio posible a la aventura. Gracias a la empresa Fluor, que apoyó el proyecto desde el primer día, la gesta deportiva se acompañó de la consecución de un fin solidario, la compra y donación de tres sillas de ruedas para la práctica del deporte adaptado, y para niños.

Ya que dimos fe con nuestra cámara de todo lo que sucedía en la expedición, no podíamos desaprovechar la ocasión para fusionarnos con las gentes y lugares que encontrábamos a nuestro paso, y ver cómo una asturiana que tanto conoce esas tierras, nos interpretaba cada situación. Así nació el Asturianos en el Mundo dedicado a Nepal, Tíbet, y la Cordillera del Himalaya. Como programa de televisión, disfrutarán de Katmandú, una ciudad tan caótica como cautivadora. La capital del segundo país más subdesarrollado de Asia, es una fusión de hinduistas (mayoritarios), y budistas. Contrasta la espiritualidad que os mostraremos en la Plaza de Buda, Boudhanat, con el ambiente bohemio de Thamel, su barrio más turístico. Ente tanto, en la oscuridad de la noche, la comunidad sherpa nos dará cobijo, para demostrarnos que otra manera de concebir la vida es posible, ¿se la imaginan?. A unos kilómetros de Katmandú, Bhaktapur, ciudad medieval, comercio, arquitectura, tradición. Entre Ambas, Pasupatinath, el Tempo hinduista por excelencia, donde los monos campan a sus anchas, mientras se queman cuerpos humanos en un rito al aire libre y de día, que pone los pelos, y la nariz... de punta. A sólo 20 kilómetros, en Nagarkot, parece que hemos retornado a Asturias. Subes 1.000 metros de altitud, y todo se torna verde, eso sí, no se ven Picos de Europa, se ve el Valle de Lantang, con Picos que superan los 7.000. Cojan un vuelo, y vénganse a Lhasa. Menos de dos horas, unos 1.100 kilómetros. Estamos en la capital del Tíbet, un concepto totalmente diferente a lo que hemos vivido hasta ahora. Para empezar, conducen en el mismo sentido que en España (al revés que en Nepal), así que hay que volver a cambiar el chip, para circular, y para que no te cepillen si eres peatón. Pensarán tonto y anecdótico este comentario, pero por si acaso grábenselo a fuego si van a seguir nuestros pasos. Les ahorrará disgustos. ¿Tíbet es China?. La respuesta es sí. La interpretación real: nada tiene que ver un chino con un tibetano. Físicamente es evidente. En cuanto al comportamiento, un tibetano es sonriente, amable, incluso sumiso, no les ha quedado otro remedio. Al chino normal le llamamos la atención, pero al chino militar, -hay tanto de unos como de otros-, no le caes bien por definición. Desconfianza, prepotencia y horrible educación.

Lhasa vive por y para el Palacio de Potala, impresionante edificación sobre la ladera de una montaña, donde trasladó su residencia siglos atrás el V Dalai Lama. La invasión del ejército chino le hizo emigrar a la India, pero sus seguidores continúan, a pesar de la represión, adorando lo que significa. Ese mismo sentimiento, la meditación, el budismo en estado puro, os lo trasladaremos desde el Monasterio Drepung, a 5 kilómetros de la capital. Un viaje apasionante, que espero compartáis con nosotros.