Asturianos en Estocolmo

Cuaderno de viaje de nuestros reporteros

Asturianos en Estocolmo

- marzo de 2011Patricia Fuente 

Cuando llegamos a Estocolmo eran aproximadamente las seis de la tarde. Hora de cenar en la capital de Suecia. Sin duda, ese es uno de los aspectos que más nos llamó la atención, ya se sabe que en cuanto salimos de España, el ritmo horario cambia completamente, pero se hace difícil pensar en una comida a las 11:00 o una cena a las 19:00. Claro que así se entiende que a partir de las nueve de la noche, no haya ni un alma por la calle.

Sí es cierto, que quienes conocen bien la ciudad, aseguran que el ritmo de invierno no tiene nada que ver con el de verano, cuando todo el mundo llena las calles sin prisa por volver a casa.

Pero estamos en febrero y la mayor parte de los suecos se refugian en sus casas. Ahí llega nuestra segunda sorpresa. Paseando por la calle, descubrimos que todas las viviendas se abren ante nuestros ojos cual escaparates de unos grandes almacenes. No hay persianas, pero tampoco cortinas. Podemos ver perfectamente los salones, las cocinas, los despachos; todas las estancias están iluminadas de forma muy tenue, sobre todo con lámparas y velas y todo es perfectamente visible desde la calle.

Al día siguiente, María, la primera asturiana con la que hemos quedado, nos explicará que en Estocolmo y en Suecia en general, no se ponen obstáculos a la luz, todo lo contrario. Con las pocas horas de luz que tiene el invierno, es necesario aprovecharlas todas. También por eso los muebles son de colores claros. Y aunque no son muy habituales, las cortinas y los estores sí existen.

María nos demostrará además que no es fácil patinar sobre hielo y que los perritos calientes no solo son americanos. Con ella recorreremos también Gamla Stan, la ciudad vieja de Estocolmo, donde reviviremos la época medieval en uno de los cascos históricos mejor conservados, para terminar en un bar de hielo, donde la temperatura constante es de 5 grados bajo cero.

Si con algo se identifica especialmente a los suecos es con la música y con el diseño. Y ambos conceptos tienen su parte asturiana. David es un ovetense que se abre paso emprendiendo en la industria discográfica. Hemos comprobado que talento y ganas no le faltan, oportunidades tampoco. Laura se conoce perfectamente la ruta del diseño en Estocolmo: nos llevará desde la tienda de precios asequibles donde comprarnos un jarrón plegable, hasta la más exquisita exposición de muebles al alcance de unos pocos, pasando por los tradicionales locales de segunda mano.

Los españoles han comprado tres millones de ejemplares de un libro escrito en Estocolmo. Bueno más bien, tres libros, porque se trata de una trilogía. Millenium, la historia creada por Stieg Larsson ha hecho que los turistas que visitan la ciudad lleven en su mano además del plano de la ciudad, el plano de la ruta Millenium. Con Paco conoceremos alguno de esos lugares y descubriremos dos de los museos más visitados de la ciudad: en uno de ellos encontraremos Villa Kunterbunt, ¿se acuerdan? La casa de Pipi Calzaslargas.

En Estocolmo está el mayor edificio esférico del mundo, es el Globen Arena. Y hasta su punto más alto llegaremos con Fran, un ingeniero de Lugones que conoció a una chica sueca en Francia. 10 años después, acaba de tener su segunda hija y es tan apasionado de los deportes de invierno como los propios suecos.

Nuestra última asturiana, Antolina, pasó por Estocolmo camino de Canadá y se quedó. De eso hace ya más de 30 años. Un tiempo que le ha dado para mucho: desde posar para una de las esculturas más polémicas de la ciudad, hasta fundar un coro de lenguas minoritarias y lograr que suecos, chilenos, turcos y catalanes acaben cantando en asturiano.

Estocolmo merece sin duda, una visita. A nosotros nos ha cautivado, desde el paseo por las calles heladas hasta su gastronomía, pasando por el carácter de los suecos – y de las suecas, por supuesto- ¡Menos mal que hemos ido en invierno!