Asturianos en París (2012)

Es la ciudad de la luz, del amor, del glamour y de la alta gastronomía.

Con más de 30 millones de turistas al año es la ciudad más visitada del mundo.

Nos dejamos atrapar por sus grandes avenidos, sus monumentos históricos y su espíritu bohemio.

Nada pasa por casualidad en París. C'est la vie.

Cuaderno de viaje de nuestros reporteros

Asturianos en París (2012)

- junio de 2012Eduardo Naves 

En Un americano en Paris Gene Kelly cruzaba el Pont Neuf mientras de sus labios salían aquellas esperanzadoras palabras: “Está muy claro, nuestro amor está aquí y aquí permanecerá…”. No era la única que ponía a París como testigo de sus sentimientos. Marlon Brando hacía lo propio en la desgarradora El último tango en París y Amelie Poulain despejaba sus dudas en el Canal Saint Martin.

 

Desde que los Hermanos Lumiere popularizasen el cinematógrafo a finales del siglo XIX París se ha convertido en el escenario de innumerables películas. Prácticamente no queda un rincón que no haya pasado por el prisma de los objetivos. Pero una cosa es ver la ciudad a través de la pantalla y otra sentirla y respirarla.

 

París se nos presentó de mal humor, descargando su furia en forma de tormenta primaveral. Pero con las ganas que llegamos nada nos impidió patear con Maite las zonas más caras de la ciudad. Fue por eso de las prisas por lo que no compramos ningún bolso de 5000€ o aquel collar de diamantes que costaba 32000 insignificantes euros.

 

Eso sí, no podíamos despedirnos de esta carbayona sin pegarnos un pequeño lujo, una degustación de foie acompañado de un Kir Royal, el mejor aperitif.

 

Al día siguiente nos encontramos con Juan en el lugar donde Tom Hanks trata de desvelar los misterios de El Código da Vinci, el Museo del Luvre. Allí comenzamos nuestra ruta por el París más fotografiado: El Sena, los jardines de Las Tullerías, Les Invalides, El Grand Palais y el Petit Palais y al final, como no, los jardines del Trocadero con la siempre electrizante Torre Eiffel.

 

Línea 6 hasta Charles de Gaulle Etoile y trasbordo a la línea 2 hasta la estación de Pigalle.

 

Ya estamos en Montmartre, el barrio que acogió a impresionistas y bohemios del siglo XX. Aquí vivieron y crearon sus obras artistas como Picasso, Matisse o Van Gohg. Hoy aún guarda la esencia de ese barrio fecundo en el que los turistas se mezclan con retratistas de trazo fino.

 

Paula nos enseñó los encantos de su barrio, la basílica del Sagrado Corazón, el bar en el que Amelie servía la deliciosa creme brulée, el famoso Moulin Rouge y los no tan conocidos pero tampoco menos frecuentados locales del barrio de Pigalle, cargados de neones que intentan atraer hasta los burdeles, salas de striptease y museos eróticos a los amantes del barrio rojo.

 

Si teníamos en este viaje un objetivo era escapar de los tópicos, y Gustavo nos facilitó mucho esa labor. Este físico moscón nos presentó un París más auténtico. El Canal Saint Martin con sus esclusas y sus puentes giratorios, el parque des Buttes-Chaumont, la plaza des Vosges, una de las más bonitas de París y ciudad Universitaria, el hogar de miles de estudiantes e investigadores.

 

Con Paloma, nuestra asturiana más joven, seguimos nuestro recorrido de cine por escenarios de Midnight in París y la Iglesia de Saint Sulpice, aquella en la que el Priorato de Sion oculta los enigmas de El Código da Vinci. Pero también visitamos otros lugares más acordes a los tiempos modernos como la Universidad de La Sorbona, los jardines de Luxemburgo, la Catedral de Notre-Dame o el barrio Latino, con sus innumerables restaurantes de todo el mundo.

 

Mención especial merece Toni, asturiano de pura cepa como él dice, amigo de Paco de Lucía y camarón, precursor de saraos de alta alcurnia y corazón roto por el descenso de su Sporting a segunda. No os perdáis el momento en el que se arranca a cantar. ¡Grande Toni!

 

A Elena la recogemos en el acuario donde trabaja y después de ver caballitos de mar, rayas y tiburones nos vamos a Vincennes, un barrio en la periferia de París que personalmente me pareció uno de los más atractivos para vivir. Tiene un castillo colosal, un jardines y un parque floral envidiables y un ambiente más tranquilo que en el centro.

 

Y como íbamos con una vegetariana de primera nuestra siguiente parada no podía ser otra que en el mejor falafel de todo París (como dice el amigo Lenny Kravitz) en el barrio de Le Marais. Ya que estábamos allí y con el estómago lleno para tres días el Museo Pompidou nos dio la llave de vuelta a España entre arte y vanguardia.

 

Un viaje excelente, una compañía insuperable y unas imágenes que ni el mismísimo Woody Allen hubiera conseguido. Eso se lo agradecéis a Rubén.

 

Para los nostálgicos, para los escépticos, para los soñadores, como decía Humphrey Bogart en Casablanca: Siempre nos quedará París.

Fotos de nuestro viaje: